Décadas antes de que 'Super Mario' existiera, incluso antes de que cualquier videojuego saliera a la luz, la compañía japonesa Nintendo producía naipes en una fábrica que ahora se ha transformado en museo oficial, con un recorrido por su historia donde todo se juega a lo grande.
Alejada de los neones y barrios modernos de la capital japonesa, el museo se ubica en Uji, una localidad de la prefectura de Kioto conocida por sus campos de té, que dista mucho de la imagen de tecnología y videojuegos con la que se asocia a Nintendo.
Fundada en 1889 por el artesano japonés Fusajiro Yamauchi, el museo emerge de una de las fábricas encargadas de producir y vender cartas hanafuda (naipes japoneses) y juguetes tradicionales.
La entrada al complejo, inaugurado en octubre de 2024, ya es toda una declaración de intenciones: tuberías verdes, champiñones de la saga del icónico fontanero, bloques amarillos y 'toads' interactivos custodian la fachada de un edificio de dos plantas.
Jugar a lo grande
La planta baja alberga el área de actividades, donde cada visitante recibe una tarjeta con diez monedas digitales para usar en las distintas atracciones, que recrean productos del pasado con los videojuegos actuales más emblemáticos.
Además, Nintendo también recupera juguetes que la empresa lanzó antes de su era digital. El 'Ultra hand', gran éxito en la década de los sesenta, de pinzas extensibles de plástico permiten en el museo atrapar pelotas y soltarlas en una tubería.
El 'Ultra Machine', una jaula de bateo con lanzadora de pelotas, tiene también su versión, al igual que el 'Zapper Scope', un juego de tiro de los años setenta que en el museo enfrenta al visitante a enemigos de la saga Super Mario.
El recorrido concluye con un pasillo que vuelve a recordar las consolas más famosas de la firma nipona, para terminar con un gran armario de etiquetas, que hace más de un siglo gestionaba los naipes de esa misma empresa.
El mueble aguarda junto al 'kanji' de Nintendo la salida de los visitantes. Su significado, "dejar la suerte al cielo", resume la filosofía de una compañía que nació fabricando cartas y que hoy, tras 136 años de historias, prototipos, consolas y videojuegos, ha decidido preservar su legado en Kioto, la ciudad que le vio crecer.
EFE.