La diferencia en la esperanza de vida entre hombres y mujeres es un fenómeno ampliamente documentado que se observa en todo el mundo y en múltiples especies de mamíferos.
En términos generales, las mujeres viven más tiempo que los hombres, con una ventaja promedio de aproximadamente cinco años en países como Estados Unidos, donde la expectativa de vida es de 80 años para las mujeres y 75 años para los hombres, según el New York Times.
Esta brecha es consistente a lo largo de distintas sociedades y niveles socioeconómicos y mantiene incluso en condiciones extremas, como guerras, hambrunas y epidemias.
Desde un punto de vista genético, uno de los elementos más estudiados es el papel de los cromosomas sexuales. Investigaciones recientes han sugerido que la presencia de un segundo cromosoma X en las mujeres podría conferir cierta protección contra el envejecimiento y las enfermedades relacionadas con la edad.
Un estudio de 2018 realizado por la investigadora Dena Dubal en la Universidad de California en San Francisco experimentó con ratones genéticamente modificados y encontró que aquellos con dos cromosomas X, independientemente de si tenían ovarios o testículos, vivían más tiempo que los que tenían un solo cromosoma X.
Este hallazgo sugiere que el segundo cromosoma X podría contener genes que promueven la longevidad o que actúan como un respaldo genético en caso de mutaciones perjudiciales.
Sin embargo, aunque esta hipótesis es plausible en roedores, aún no se ha probado en humanos con la misma precisión.
Otro factor clave que influye en la longevidad es el impacto de las hormonas sexuales. Se ha observado que el estrógeno, presente en niveles más altos en las mujeres, tiene un efecto protector sobre el sistema cardiovascular y el sistema inmunológico.
Según contó a New York Times, la investigadora Bérénice Benayoun de la Universidad del Sur de California, el sistema inmunológico femenino es más eficiente antes de la menopausia, lo que permite una mejor respuesta ante infecciones y enfermedades en comparación con los hombres.
Los hombres, en cambio, tienen una mayor susceptibilidad a infecciones y sepsis, lo que puede contribuir a su menor esperanza de vida.
Un análisis de 2017 mostró que las mujeres que experimentan la menopausia más tarde, es decir, después de los 50 años, tienden a vivir más tiempo, lo que refuerza la teoría de que los niveles de estrógeno juegan un papel clave en la longevidad.
Investigadores como Tom Kirkwood, de la Universidad de Newcastle, han propuesto que las diferencias en la forma en que las células envejecen pueden explicar parte de la disparidad en la longevidad.
Se ha sugerido que el corazón femenino, al experimentar aumentos regulares en la frecuencia cardíaca durante el ciclo menstrual, obtiene un beneficio comparable al de un ejercicio moderado, lo que podría retrasar el desarrollo de enfermedades cardiovasculares a largo plazo.
Más allá de la biología, el comportamiento y el estilo de vida juegan un papel significativo en la diferencia de longevidad entre hombres y mujeres. Los hombres, en promedio, tienden a asumir más riesgos desde la juventud, lo que se refleja en mayores tasas de muerte prematura por accidentes, violencia y conductas de alto riesgo.
Según la Universidad de Harvard, el desarrollo más lento del lóbulo frontal en los hombres, la parte del cerebro encargada del juicio y la toma de decisiones, puede ser una de las razones por las que los hombres tienen más probabilidades de involucrarse en actividades peligrosas.
En términos de salud, los hombres son menos propensos a buscar atención médica de manera regular y suelen ignorar síntomas que podrían ser señales tempranas de enfermedades graves.
El consumo de sustancias también es un factor determinante en la esperanza de vida. Los hombres son más propensos a fumar, beber en exceso y consumir drogas en comparación con las mujeres, lo que los hace más vulnerables a enfermedades crónicas como el cáncer de pulmón, enfermedades hepáticas y accidentes cerebrovasculares.
Un estudio de la BBC destacó que en países como Rusia, donde el consumo de alcohol y tabaco entre los hombres es significativamente alto, la diferencia en la esperanza de vida entre ambos sexos puede llegar hasta los 13 años.
Desde una perspectiva macroeconómica y sociológica, la relación entre el género, la salud y las condiciones socioeconómicas es un área de estudio en constante evolución.
Según un análisis de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH) en países con economías más desarrolladas, la diferencia en la esperanza de vida entre hombres y mujeres ha tendido a reducirse con el tiempo, en parte debido a mejoras en la atención médica y cambios en los patrones de trabajo y estilo de vida.
Según ese estudio, en países como Islandia y otras naciones escandinavas, se proyecta que para 2050 la diferencia en la esperanza de vida entre ambos sexos podría desaparecer, lo que sugiere que los factores ambientales y sociales tienen un peso considerable en la longevidad. En contraste, en regiones con mayores desigualdades económicas y menor acceso a la salud, la brecha sigue siendo amplia.
El impacto de los roles de género en la salud también ha sido objeto de estudio. los NIH han señalado que los estereotipos de masculinidad pueden influir negativamente en la salud de los hombres, ya que muchos evitan buscar ayuda médica o expresar problemas emocionales debido a normas sociales que asocian la vulnerabilidad con la debilidad.
Este fenómeno ha sido descrito por la teoría de la “masculinidad hegemónica”, que sostiene que ciertos ideales de masculinidad pueden llevar a comportamientos que, a largo plazo, reducen la longevidad masculina.
Agencia