Un equipo de investigadores de Reino Unido ha logrado desarrollar e implantar con éxito en ocho cerdos esófagos editados genéticamente en laboratorio, que pertenecieron inicialmente a otros animales de la misma especie.
El trabajo aparece descrito en la revista Nature Biotechnology, y los autores subrayan que, si esta tecnología se adapta para su uso en humanos, podría ayudar al tratamiento de recién nacidos con atresia de esófago, una malformación congénita grave en la que el tubo digestivo no se desarrolla correctamente.
El procedimiento consiste, resumidamente, en la eliminación en el laboratorio de las células del órgano del cerdo donante; la repoblación con las propias células del receptor del órgano y su posterior implantación en otro cerdo.
El implante de tubo digestivo (el conducto por el que pasa la comida) ha demostrado poder sustituir de forma segura un tramo completo del órgano y restablecer su función normal, incluida la deglución, en cerdos en crecimiento.
Según informan los científicos, del hospital Great Ormond Street y del University College, ambos en Londres: “Los ocho animales receptores se recuperaron bien, desarrollaron músculos de deglución funcionales para empujar los alimentos hacia el estómago y lograron la integración completa del tejido modificado en un plazo de tres meses".
Informan de que no fue necesaria la inmunosupresión, habitual en estos procedimientos, ya que el implante se desarrolló utilizando las células del receptor y el tejido creció con los propios animales.
Los investigadores han estudiado los genes en la estructura del tejido implantado (utilizando una técnica llamada ‘transcriptómica espacial’), para demostrar que los genes activados en el nuevo esófago se ajustaban a lo que cabría esperar en un tejido “natural”.
Han visto además, cómo se produjo una regeneración progresiva de las estructuras esofágicas normales, con una capa de barrera, músculos, nervios y vasos sanguíneos necesarios para el funcionamiento del esófago.
El nuevo tubo digestivo resultante del implante “se contraía, produciendo movimiento y presión con la fuerza y la coordinación suficientes para permitir una deglución normal”.
Una vía de esperanza para los niños
El esófago es un órgano crucial para la nutrición y el crecimiento. Los niños que nacen con atresia esofágica tienen un esófago interrumpido, con un amplio espacio entre los segmentos superior e inferior.
En el Reino Unido por ejemplo, nacen alrededor de 180 bebés con esta patología, y, según explican los autores, “no pueden sobrevivir sin cirugía, pero la brecha suele ser demasiado grande para cerrarla inmediatamente después del nacimiento, por lo que se les puede poner una sonda de alimentación colocada directamente en el estómago”.
Las opciones quirúrgicas actuales son complejas e invasivas, por lo que el avance conocido hoy abre la puerta al potencial desarrollo de tratamientos regenerativos y personalizados para los niños afectados.
El equipo informa de que está perfeccionando el proceso para generar injertos más largos, estandarizar la fabricación y reducir los pasos manuales, así como para llevar a cabo nuevas pruebas de seguridad.
Los próximos estudios se centrarán en el seguimiento de las células en el tejido, la optimización del flujo sanguíneo y la preparación de la terapia para los primeros ensayos clínicos en humanos, que esperan que puedan llevarse a cabo en los próximos cinco años.
“El estudio supone un avance significativo en el desarrollo de sustitutos funcionales para órganos huecos complejos. Sin embargo, la sugerencia de que este enfoque ofrece una solución para los niños que nacen sin esófago es prematura", matiza Dusko Ilic, investigador especializado en células madre del King College de Londres.
En una reacción al estudio recogida en la plataforma Science Media Centre, Ilic cree que será clave demostrar que el injerto desarrolla un crecimiento real alineado con el del paciente receptor: "Hasta entonces, las afirmaciones sobre su idoneidad para pacientes pediátricos en crecimiento siguen sin estar fundamentadas”.
EFE / Noticias Venevision