El Gobierno británico dio este martes luz verde a la construcción de una nueva ‘megaembajada’ de China en Londres, a pesar de las inquietudes de parlamentarios y de disidentes chinos de que la legación diplomática pueda ser utilizada para llevar a cabo actividades de espionaje.
El responsable británico para el Gobierno Local, Steve Reed, aprobó los planos del edificio de la antigua sede de la Real Casa de la Moneda británica, próxima a la Torre de Londres sobre el río Támesis.
La decisión sobre la nueva embajada, la más grande en Europa, allana el camino para el impulso que el Gobierno de Keir Starmer quiere dar a su relación con China en un momento en que el Reino Unido, tras la traumática experiencia del Brexit y ante la inestabilidad de su relación estratégica con el Estados Unidos de Donald Trump, necesita diversificar sus alianzas exteriores.
La aprobación a los planes de embajada se produce a pesar del llamamiento de los diputados y pares del Comité Conjunto sobre la Estrategia de Seguridad Nacional a rechazar los planes, por considerar que la embajada «crearía un centro para ampliar las operaciones de recopilación de inteligencia e intimidación».
Además, los residentes locales están recaudando fondos para iniciar una revisión judicial contra el proyecto.
Luke de Pulford, director de la Alianza Interparlamentaria sobre China, declaró a los medios que «años de campaña sobre los evidentes y múltiples riesgos que plantea el desarrollo de esta embajada no han sido suficientes para contrarrestar el deseo del gobierno del Reino Unido de obtener el dinero de Pekín» (para futuras inversiones y otras operaciones).
EFE.