Contario a la creencia popular de que la salud de los riñones se mide simplemente porque "siguen funcionando", los especialistas advierten que estos son órganos vitales silenciosos. Los riñones pueden continuar cumpliendo su labor incluso cuando su capacidad está gravemente reducida, lo que convierte a la detección temprana en un desafío crítico.
El nefrólogo Jeffrey R. Schelling, profesor de la Case Western Reserve University, enfatiza que la forma más precisa de evaluar la función renal no es a través de síntomas visibles, sino mediante pruebas médicas de rutina. Según el especialista, existen dos estudios clave:
Análisis de sangre (eGFR): Mide la tasa de filtración glomerular estimada. Este indicador determina qué tan bien están filtrando los riñones los desechos de la sangre.
Examen de orina (uACR): Evalúa la relación albúmina-creatinina. Detectar albúmina (una proteína) en la orina es una de las señales más tempranas de daño renal.
Complementados con una ecografía renal, estos estudios permiten a los nefrólogos ofrecer un diagnóstico y tratamiento oportuno antes de que el daño sea irreversible.
El peligro radica en la resistencia de estos órganos. Schelling advierte que los riñones pueden seguir operando incluso con apenas un 10% de su capacidad. Por ello, señales como la hinchazón en los tobillos o la dificultad para respirar suelen aparecer cuando el problema ya está avanzado.
De acuerdo con datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), aproximadamente el 15% de los adultos en Estados Unidos padece enfermedad renal crónica. Lo más alarmante es que 9 de cada 10 personas que la sufren no lo saben, debido a su progresión lenta y asintomática.
La comunidad científica coincide en que la prevención es la mejor herramienta. Realizar controles médicos periódicos que incluyan química sanguínea y parcial de orina es fundamental para detectar cualquier alteración a tiempo y evitar complicaciones mayores.
Con información de: Peakstock