Expertos en el área cognitiva enfatizan que el vínculo social, el compartir y evitar el aislamiento no solo benefician la salud cardiovascular y psicológica, sino que son esenciales para la función cognitiva.
Estudios han demostrado que mantener la interacción social, tanto de forma directa o presencial como a través de la tecnología, puede ayudar a preservar e incluso mejorar el funcionamiento cognitivo. Recomiendan salir, formar grupos de amigos para cualquier actividad, desde el dominó hasta la bailoterapia, o incluso un grupo de agradecimiento semanal. Estas acciones, según los doctores, son capaces de retrasar cualquier patología.
Adicionalmente, los neurólogos advierten sobre las secuelas post-agudas del SARS-CoV-2, conocidas coloquialmente como post-COVID. Una proporción significativa de personas puede experimentar síntomas que persisten durante semanas o incluso meses después de la infección, en casos leves o asintomáticos. Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran la fatiga y la disfunción cognitiva.
Las funciones cognitivas más afectadas incluyen la atención, la memoria reciente, la lentitud de pensamiento, dificultades en el lenguaje (“palabras en la punta de la lengua”), y problemas para realizar múltiples tareas o resolver problemas.
Esta serie de síntomas se conoce como “neblina cognitiva”, la cual puede limitar las actividades diarias. Además, el síndrome post-COVID también se asocia con manifestaciones neuropsiquiátricas como la ansiedad, depresión y trastornos del sueño, que requieren evaluación y tratamiento oportuno.
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