La microbiota es el conjunto de microorganismos (bacterias, virus, parásitos y hongos) presentes en el cuerpo. En las mujeres, se encuentra no solo en el intestino, sino también en la piel, ojos, pulmones, cuero cabelludo, vagina y endometrio.
Su función va más allá de la digestión: libera moléculas que modulan los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario, existiendo una comunicación directa entre el intestino y el cerebro.
La evolución de la microbiota femenina se divide en varias etapas clave, las cuales explica la médica de digestivo, Silvia Gómez Senent:
Infancia (Los primeros 4 años): Es la "ventana de oportunidad" donde la microbiota es más pura. Un buen desarrollo en esta etapa, favorecido por el parto natural y la lactancia materna, sienta las bases para una salud resiliente en el futuro.
Pubertad: El desarrollo de las hormonas sexuales (estrógenos) empieza a diferenciar la microbiota femenina de la masculina, volviéndose más antiinflamatoria siempre que se mantengan buenos hábitos.
Edad fértil: La microbiota intestinal, vaginal y del endometrio influye directamente en la fertilidad. Alteraciones en estas áreas pueden provocar fallos en la implantación del embrión y abortos de repetición. Se recomienda el consumo de carbohidratos accesibles (como los de la pera, alcachofa u hongos) y frutos rojos.
Menopausia: Con la caída de estrógenos, cobra importancia el "estroboloma", bacterias que ayudan a metabolizar y reabsorber estrógenos a la sangre. El uso de probióticos específicos y una dieta equilibrada pueden ayudar a mitigar los síntomas en esta fase, donde la microbiota femenina vuelve a igualarse a la del hombre.
Tercera edad (A partir de los 65 años): Ocurre un envejecimiento fisiológico con pérdida de diversidad microbiana, lo que aumenta el riesgo de enfermedades y fracturas. El margen de maniobra es menor, por lo que es vital haber "abonado" el terreno en etapas anteriores.
EFE.