Recientes investigaciones lideradas por Stanford Medicine y el Arc Institute sugieren que el tracto gastrointestinal actúa como un regulador esencial del deterioro cognitivo. Según el doctor Christoph Thaiss, profesor de Patología, la cronología del deterioro de la memoria no está programada, sino que se modula activamente a través del microbioma.
El estudio revela que, con la edad, ciertos grupos de bacterias intestinales desencadenan inflamación, lo que interrumpe la comunicación entre el nervio vago y el hipocampo, afectando la memoria.
Los hallazgos indican que este proceso es reversible. Al estimular el nervio vago en ratones de edad avanzada, los investigadores lograron que recuperaran la capacidad de reconocer objetos y recorrer laberintos con la misma destreza que animales jóvenes.
Esto posiciona al intestino como una especie de "mando a distancia" para el cerebro, abriendo la puerta a terapias basadas en dietas adaptadas, probióticos y estimulación nerviosa para proteger la agudeza mental durante el envejecimiento.
Por otro lado, un estudio de la Universidad de Cambridge realizado en 2026 logró un avance significativo al identificar un grupo de bacterias denominado CAG-170. Tras analizar más de 11.000 muestras de 39 países, los científicos descubrieron que estos microbios son mucho más comunes en personas sanas y escasos en individuos con enfermedades crónicas. Estas bacterias no solo son estables en el tiempo, sino que producen vitamina B12 y sostienen el equilibrio de todo el ecosistema intestinal.
Con información de EuroNews.