El autismo es una neurodivergencia que afecta la interacción social y puede generar en las personas dificultades para comunicarse y relacionarse con los demás, a la vez que pueden presentar comportamientos repetitivos o intereses restringidos.
Al respecto, la neuropsicóloga subraya que “la detección temprana del Trastorno del Espectro Autista (TEA), permite intervenir en etapas críticas del desarrollo, maximizando el potencial de la persona”.
Esta intervención anticipada, idealmente entre los 16 y 30 meses de nacimiento, puede maximizar la efectividad del tratamiento (principalmente terapéutico, ya que no existen fármacos para el TEA en sí), reducir desafíos futuros como la ansiedad y el aislamiento, y ofrecer apoyo familiar adecuado.
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