El presidente Donald Trump instó este martes a los republicanos a ganar las elecciones legislativas de noviembre para evitar que los demócratas impulsen un nuevo juicio político en su contra si recuperan el control del Congreso. El mensaje fue pronunciado durante un retiro de la bancada republicana en Washington, en un momento en que el partido enfrenta una mayoría ajustada en la Cámara de Representantes y un escenario históricamente adverso para la fuerza que ocupa la Casa Blanca.
“Tienen que ganar las elecciones de medio término. Porque si no las ganamos, encontrarán un motivo para someterme a juicio político”, dijo Trump ante legisladores republicanos, según la transcripción difundida por la Casa Blanca. “Me van a hacer un impeachment”, insistió, recordando los dos procesos de destitución que enfrentó durante su primer mandato.
La advertencia estuvo acompañada de un llamado a endurecer la confrontación política con la oposición. Trump sostuvo que los demócratas actúan con mayor disciplina y agresividad que los republicanos y afirmó que su antecesor, Joe Biden, debería haber sido sometido a juicio político “por cien razones diferentes”. A su vez, describió a los demócratas como “malvados e inteligentes”, aunque sostuvo que sus políticas son “desastrosas”.
Las elecciones de medio mandato, previstas para el 3 de noviembre, renovarán la totalidad de los 435 escaños de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, cuyos miembros tienen mandatos escalonados de seis años. En los comicios presidenciales de 2024, los republicanos recuperaron el control de ambas cámaras, lo que permitió a Trump avanzar sin grandes obstáculos con la agenda de su segundo mandato, incluyendo medidas polémicas como el retiro de fondos a programas sanitarios.
Sin embargo, el propio presidente reconoció durante su discurso el peso de la experiencia histórica. “Dicen que cuando ganas la presidencia, pierdes las elecciones de medio término”, afirmó, en alusión a una tendencia persistente en la política estadounidense que suele castigar al partido gobernante en los comicios legislativos intermedios.
El encuentro se extendió por cerca de 90 minutos. Trump dedicó largos pasajes a enumerar agravios, defender su conducta durante el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 y reiterar, sin aportar detalles nuevos, que había pedido a sus seguidores marchar “pacífica y patrióticamente”. También bromeó sobre la posibilidad de buscar un tercer mandato presidencial, una opción vedada por la Constitución.
El presidente abordó de manera tangencial algunos de los temas que más preocupan al electorado, como la inflación y el costo de vida, que encabezan las encuestas como principal inquietud pública. Aseguró que su primer año de gobierno había sido “el más exitoso de cualquier presidente en la historia” y pidió a los legisladores que “vendan” mejor los logros de su administración, mencionando ingresos por aranceles, acuerdos para reducir precios de medicamentos y mayores inversiones.
El contexto legislativo añadió presión al mensaje presidencial. La ya estrecha mayoría republicana en la Cámara se redujo aún más tras la muerte del congresista por California Doug LaMalfa y la salida efectiva de la ex representante Marjorie Taylor Greene, lo que complica la tarea del presidente de la Cámara, Mike Johnson, para mantener la cohesión interna.
Trump aludió a esas dificultades al señalar que “no se puede ser duro cuando se tiene una mayoría de tres, y ahora un poco menos”, y mencionó además la ausencia temporal de otro legislador republicano, Jim Baird, que se recupera de un accidente automovilístico. En ese marco, cuestiones como la extensión de subsidios a seguros de salud —un tema sensible de cara a las elecciones— amenazan con profundizar las divisiones internas.
El discurso incluyó también comentarios que generaron incomodidad incluso dentro del propio partido, como burlas hacia el expresidente Franklin D. Roosevelt por el uso de una silla de ruedas y alusiones irónicas al voto de personas transgénero. Las declaraciones tuvieron lugar en el Kennedy Center, recientemente rebautizado con el nombre de Trump tras una decisión del directorio, un cambio que enfrenta impugnaciones judiciales.
Para los republicanos, el desafío inmediato es traducir el control institucional en resultados tangibles para un electorado volátil y dividido. Para Trump, en cambio, la contienda de noviembre aparece también como un plebiscito personal: una derrota legislativa no solo complicaría su agenda, sino que podría reactivar el fantasma de un tercer proceso de destitución y devolver al Congreso el rol de contrapeso que su presidencia ha buscado minimizar.
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