Una colosal tormenta invernal avanza este fin de semana sobre Estados Unidos, amenazando con colapsar el sistema de transporte y los servicios básicos en gran parte del país. Según los últimos reportes, más de 8.000 vuelos han sido cancelados (3.400 el sábado y 5.000 programados para el domingo), mientras que aproximadamente 140 millones de personas permanecen bajo alerta meteorológica desde Nuevo México hasta Nueva Inglaterra.
Los meteorólogos han advertido que el fenómeno dejará una "franja de hielo catastrófico" desde Texas hasta las Carolinas, con daños que podrían ser comparables a los de un huracán debido al peso del hielo sobre el tendido eléctrico y los árboles. En el noreste, ciudades como Washington, Nueva York y Boston esperan acumulaciones de hasta 30 centímetros de nieve, mientras que en el Medio Oeste se han registrado sensaciones térmicas extremas de hasta -40 °C, capaces de congelar la piel en menos de 10 minutos.
El presidente Donald Trump anunció la aprobación de declaraciones de emergencia para los estados de Virginia y Carolina del Sur, garantizando el apoyo de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA). Hasta el momento, el gobierno federal ha movilizado a 30 equipos de búsqueda y rescate, y ha distribuido más de 7 millones de comidas, 600.000 mantas y 300 generadores para mitigar el impacto de los cortes de energía, especialmente en el sur, donde la mayoría de los hogares dependen de la calefacción eléctrica.
Gobernadores de más de una decena de estados han instado a la población a permanecer en sus hogares. La magnitud del temporal ha obligado a la cancelación de desfiles de carnaval en Luisiana, el cierre de escuelas en Filadelfia y la suspensión de clases presenciales en universidades de Carolina del Norte y Misisipi. Incluso eventos icónicos, como el Grand Ole Opry en Nashville, se han visto forzados a realizar presentaciones sin público para evitar desplazamientos peligrosos por las carreteras.
EFE