Los expertos advierten que la creciente dependencia de suplementos de vitaminas y minerales, como el magnesio y la vitamina C, tiene su origen en la degradación de los suelos agrícolas.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ha acuñado el término "hambre oculta" para describir un fenómeno donde, independientemente de la cantidad de comida ingerida, los alimentos ya no aportan los nutrientes esenciales para un desarrollo adecuado, esto según investigaciones de Save Soil, la densidad de nutrientes en vegetales de hoja verde ha caído hasta un 80% en las últimas décadas debido a la pérdida de vida microbiana en la tierra.
La sustitución de abonos orgánicos por fertilizantes químicos sintéticos cómo el nitrógeno, fósforo y potasio, ha dejado a los suelos sin los más de 60 minerales y oligoelementos necesarios.
El agricultor Mariano Bueno señala que cultivamos en "suelos anémicos": al faltar magnesio, las plantas pierden capacidad de fotosíntesis y síntesis de vitaminas. Además, el uso de productos químicos obliga a las plantas a absorber el exceso de agua, produciendo frutos más grandes pero nutricionalmente pobres.
Por su parte, la doctora María Dolores Raigón destaca ejemplos de alarmas de esta degradación: mientras que en 1985 bastaban 133 gramos de fresas para obtener la dosis diaria de vitamina C, en la actualidad se requeriría ingerir 1 kilogramo.
EFE