Con frecuencia sucede que las personas descubren en su adultez que presentan autismo, debido a que esta condición se catalogó históricamente como un desorden infantil severo, ignorando otros perfiles, según especialistas. Sin embargo, en la actualidad, la medicina reconoce que múltiples profesionales destacados han vivido décadas sin un diagnóstico formal que explique su realidad.
La doctora Carolina Izquierdo señaló que el diagnóstico tardío del trastorno del espectro autista (TEA) tipo 1 se debe a sesgos clínicos de hace 20 años, donde ser exitoso descartaba automáticamente el padecimiento. Se priorizaban las conductas externas sobre la experiencia interna, definiendo a estos individuos como introvertidos o perfeccionistas.
Síntomas y señales más frecuentes por los que se acude a consulta en la adultez:
· “Burnout” autista, un agotamiento crónico que surge del esfuerzo constante por enmascarar rasgos para encajar en la sociedad.
· Cefaleas tensionales e irritabilidad asociadas a la luz o al ruido (ya sea en la oficina o en su domicilio) por desregulación sensorial.
· Ansiedad y depresión refractarias a múltiples terapias farmacológicas.
· Baja autoestima
· Problemas laborales
· Problemas de pareja
· Patologías gastrointestinales como dispepsia, colon irritable, entre otras.
· Enfermedades autoinmunes
El acto de camuflar rasgos autistas, conocido como “masking”, genera consecuencias graves en la salud física a largo plazo, entre las cuales se encuentran el desarrollo de trastornos del sueño, fibromialgia, problemas gastrointestinales y enfermedades de origen autoinmune, resaltó la internista.
Además, el agotamiento extremo puede derivar en episodios de meltdown (llanto, agresividad e irritabilidad) o shutdown (aislamiento, silencio e inmovilidad), afectando gravemente la estabilidad emocional
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