Que Lionel Messi no necesita ser el que más corre para ser decisivo había quedado claro a lo largo de su carrera, pero en este Mundial, en el que es el máximo goleador pese a ser uno de los jugadores que menos distancia cubre sobre el campo, ha vuelto a demostrar que su magia no se mide en kilómetros.
La agónica victoria del viernes contra Cabo Verde en dieciseisavos de final fue un nuevo ejemplo de ello. En proporción al tiempo jugado, el capitán de la 'Albiceleste' fue el futbolista de campo que menos metros recorrió, demostrando que su influencia en el juego no depende del volumen físico.
Messi acabó el encuentro con menos de diez kilómetros recorridos, el registro más bajo entre los ocho futbolistas de campo que disputaron los 120 minutos, y aun así le valió para ser designado mejor jugador del choque.
El '10' abrió el marcador en la primera parte bajando un balón llovido que le mandó Lisandro Martínez, y fue el ejecutor del saque de esquina que dio lugar al 3 a 2 definitivo en la segunda parte de la prórroga.
El primer gol fue en sí mismo un ejemplo de esta paradoja. Desconectado del equipo a muchos metros del balón y en fuera de juego, se acercó caminando a la espalda de la defensa rival. En cuanto vio que Martínez oteaba el horizonte, hizo una corta arrancada para situarse en posición legal y tirar un 'sprint' para firmar el desmarque previo al gol.
Este escenario es habitual en los partidos de Argentina -y en los del Inter Miami-, donde Messi no participa en la presión y tiene total libertad de movimientos sobre el campo, lo que le permite dosificarse al máximo a sus 39 años recién cumplidos.
De hecho, los datos oficiales del torneo confirman que el astro argentino es uno de los futbolistas con menos metros acumulados por partido en el Mundial.
EFE