La selección de Inglaterra, obligada por su rol de favorita pero con debates abiertos dentro de la plantilla, comienza su participación en el Mundial este miércoles en el AT&T Stadium de Arlington contra Croacia. El cruce representa el debut ante el rival más complicado del Grupo L y un escenario donde persiste el amargo recuerdo de la eliminación británica en la semifinal de Rusia 2018.
El conjunto de los "Tres Leones" nunca estuvo más cerca de volver a una final mundialista que aquel 11 de julio de 2018 en Moscú, cuando los croatas remontaron en la prórroga (1-2) un partido que se había puesto de cara para los ingleses desde el minuto 5 con un gol de Kieran Trippier. Inglaterra sintió entonces que se le escapaba la mejor oportunidad para poner fin a 52 años de sequía —que ya van por 60—. Por eso, ni siquiera haber derrotado a los balcánicos en los cuartos de final de la Eurocopa posterior funcionó para sanar la herida.
Ahora ambas escuadras se vuelven a cruzar con el primer puesto del grupo en juego, puesto que Ghana y Panamá parecen contar con menos recursos futbolísticos.
Pese a firmar una clasificación perfecta (pleno de victorias y sin goles encajados), Inglaterra llega a la cita sumamente preocupada. Con frentes abiertos en la convocatoria, la situación de Jude Bellingham y el cuerpo técnico en el ojo del huracán, el estratega Thomas Tuchel se encuentra en el centro de la polémica.
La ausencia de Phil Foden y, sobre todo, la de Cole Palmer —un año después de que el jugador del Chelsea fuese el Jugador Más Valioso del Mundial de Clubes precisamente en Estados Unidos— ha generado tanta controversia como la gestión de minutos de Bellingham en el plantel. Tuchel rebajó la importancia de la estrella del Real Madrid en el esquema, le quitó la condición de titular indiscutible y le impuso un antagonista: el mediapunta del Aston Villa, Morgan Rogers, una de las revelaciones de la clasificación y pieza codiciada en el mercado de fichajes por el Chelsea y el Arsenal.
Tampoco le ha gustado al entrenador alemán la designación del árbitro francés Clément Turpin, al que llegó a calificar en el pasado como un referí de "clase E" tras haber sido expulsado por él en un partido de Champions con el Bayern de Múnich. Para complicarlo aún más, la logística inglesa sufrió el robo de botas y material de entrenamiento nada más llegar a Kansas, en una furgoneta que transportaba los implementos desde Florida.
Una realidad más cómoda y alejada del ruido es la que vive Croacia, que afronta su séptima participación mundialista confiada en su probada capacidad competitiva. Los Vatreni han entrado en el podio en tres de sus siete apariciones previas; un mérito excepcional para un país que no alcanza los cuatro millones de habitantes y que ha enlazado dos generaciones de oro: la primera capitaneada por Davor Šuker y la segunda comandada por Luka Modrić.
Con 40 años, Modrić es una rara avis que viene de ofrecer un digno rendimiento en el Milan y que apura su última Copa del Mundo como el gran referente del equipo de Zlatko Dalić. En esa misma línea se mantiene el eterno Ivan Perišić (37 años) quien, compensando la falta del desborde de antaño con veteranía, sigue siendo un arma ofensiva lista para sumarse a Petar Musa, atacante que contará con el apoyo de la afición local al hacer vida en el FC Dallas de la MLS.
EFE / Noticias Venevision