Los auriculares pasaron a formar parte de la vida cotidiana de las personas. Tanto los inalámbricos como los que tienen cable resultan indispensables para afrontar el día a día escuchando música, hablando por teléfono o disfrutando de podcast. No obstante, el hábito puede exponer a los usuarios a ciertos riesgos poco conocidos relacionados con la limpieza y la higiene de los dispositivos.
Limpiar los dispositivos no es solamente cuestión de estética, sino también de salud. La acumulación de cera, transpiración, células cutáneas y bacterias puede crear un entorno propicio para la proliferación de microorganismos, elevando el riesgo de infecciones de oído. Expertos advierten que la suciedad y humedad acumuladas en los auriculares, especialmente los modelos intraaurales que obstruyen el canal auditivo, favorecen el desarrollo de bacterias y hongos.
Estudios recientes han demostrado que quienes usan dispositivos internos durante largos periodos presentan una menor diversidad de bacterias en el oído externo, lo que puede desencadenar desequilibrios y facilitar la aparición de patógenos potencialmente dañinos.
Además, la humedad generada por el sudor, sobre todo durante la actividad física, aumenta la probabilidad de infecciones y secreciones, incluidas las de tipo purulento. “En particular, cuando nos ponemos cosas en los oídos, creamos un ambiente muy agradable, húmedo y oscuro”, explicó Kerry Witherell, audióloga consultada por CBS News.
El uso compartido de auriculares representa un riesgo añadido, ya que facilita la transmisión de bacterias y hongos de una persona a otra. En casos graves, la falta de higiene puede derivar en infecciones fúngicas o bacterianas, con síntomas como picazón, enrojecimiento o secreción en el oído, explica una investigación. La acumulación excesiva de cera también puede obstruir la malla de los audífonos y afectar la calidad del sonido, además de bloquear la audición y dificultar la función natural de autolimpieza del oído.
Los especialistas recomiendan estar atentos a cualquier signo de irritación o molestia, y evitar el uso de auriculares en presencia de infecciones en el oído, ya que estos dispositivos pueden retrasar la recuperación al incrementar la temperatura y la humedad en la zona afectada. Un mantenimiento regular y adecuado de los auriculares es clave para reducir estos riesgos y preservar la salud auditiva.
Los efectos del uso prolongado de auriculares, especialmente los modelos intraaurales y audífonos, han sido estudiados por diferentes medios y expertos. La presencia constante de estos dispositivos en el canal auditivo puede alterar el equilibrio natural de los microorganismos que habitan en el oído.
En condiciones normales, este espacio alberga bacterias, hongos y virus en diversidad, lo que dificulta la colonización por patógenos. Sin embargo, la obstrucción permanente debido al uso de auriculares reduce la variedad bacteriana y puede facilitar la aparición de organismos perjudiciales.
Según expertos consultados por The Independent, la obstrucción física del canal auditivo, sumada al contacto con la piel y la retención de humedad, genera un entorno favorable para la proliferación de bacterias y hongos.
Estudios mencionados en ambas fuentes han observado que quienes usan auriculares por periodos prolongados presentan mayor riesgo de infecciones de oído y secreciones, incluyendo pus. Además, se señala que el uso continuo de dispositivos internos interfiere con el mecanismo natural de autolimpieza del oído, dificultando la expulsión de cerumen y partículas.
Si aparecen síntomas como picazón, enrojecimiento o secreción, los profesionales recomiendan suspender el uso de auriculares y acudir a un profesional de la salud. Asimismo, la acumulación excesiva de cerumen puede bloquear la audición o tapar la malla de los audífonos, agravando las molestias auditivas.
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