El esófago es el tubo que conecta la boca con el estómago y transporta la comida en cada bocado.
Un grupo de científicos del Reino Unido, Italia, Bélgica y Chile, entre otros países, consiguió que cerdos jóvenes usaran esófagos fabricados con sus propias células y lograran alimentarse y crecer durante seis meses, como si nunca hubieran perdido ese órgano.
Ese avance podría cambiar el tratamiento de quienes sufren lesiones graves en el esófago y evitar que se tomen tejidos de otras partes del cuerpo. Se publicó en la revista Nature Biotechnology.
El 63% de los animales con injertos sobrevivió el periodo de observación y recuperó funciones normales. Los nuevos esófagos no solo se integraron, también reprodujeron la estructura y la función del órgano original.
El trabajo fue liderado por Marco Pellegrini y Paolo De Coppi, con participación de equipos del Colegio Universitario de Londres, el Hospital Great Ormond Street para Niños, Politécnico de Milán, Universidad de Manchester e Instituto San Raffaele de Milán. También colaboraron científicos de Alemania, Polonia y Chile.
Enfermedades de nacimiento, tumores y accidentes pueden dejar a niños y adultos sin partes del esófago.
En la atresia esofágica, una de cada 3.500 personas nace con el esófago incompleto y necesita cirugías complejas para poder alimentarse.
Hoy se suelen usar partes del estómago o del intestino para reemplazar el esófago, pero estas técnicas provocan complicaciones y le quitan función a otros órganos.
El trasplante tampoco es una opción realista por la falta de donantes pediátricos y la dificultad de conectar los vasos sanguíneos.
En el 10% de los casos más graves, la distancia entre ambos extremos del esófago impide reparaciones directas.
Muchos pacientes dependen de sondas para alimentarse durante meses y sufren infecciones, hospitalizaciones largas y una calidad de vida disminuida.
En ese contexto, los investigadores que publicaron el estudio en Nature Biotechnology intentaron crear un esófago personalizado, biológico y seguro, sin dañar otros órganos ni depender de donantes humanos.
El desafío era lograr que el injerto desarrollara músculos, nervios y vasos sanguíneos capaces de permitir una función normal.
El equipo de investigadores extrajo células musculares y fibroblastos de cerdos y los multiplicó en laboratorio. Así obtuvieron la cantidad necesaria para fabricar nuevos esófagos.
Se usaron andamios hechos a partir de esófagos porcinos tratados para quitar las células originales.
Los científicos repoblaron estos andamios con las células cultivadas y los mantuvieron en biorreactores durante una semana para que adquirieran forma y resistencia.
Los injertos de 2,5 centímetros se implantaron en cerdos jóvenes y se reforzaron con stents biodegradables y una envoltura de tejido pleural, que ayudó a proteger el área y mejorar la irrigación sanguínea.
Tras la cirugía, los cerdos pudieron beber agua y luego pasar a alimentos sólidos, sin necesitar apoyo extra.
Durante seis meses, los animales mantuvieron la alimentación oral y crecieron según lo esperado. El trabajo señaló que “la mediana de dilataciones requeridas se asemeja a la reportada en niños con reparación de atresia esofágica de larga distancia”.
Los análisis mostraron regeneración de músculo liso y estriado, formación de nuevos vasos sanguíneos y desarrollo de nervios.
La capa interna del esófago, llamada epitelio, maduró con el tiempo y la inflamación bajó. Los episodios de estrechamientos fueron pocos y se controlaron con intervenciones mínimas.
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