La escalada de tensiones en el estrecho de Ormuz, producto del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel, ha impulsado a Trinidad y Tobago a acelerar los planes para reactivar la refinería de Pointe-a-Pierre. El gobierno busca consolidar al país como un centro energético regional frente a la inestabilidad del suministro global.
El ministro de Energía, Roodal Moonilal, confirmó a la agencia EFE que el Ejecutivo de Kamla Persad-Bissessar mantiene conversaciones avanzadas con gigantes del sector como la estadounidense Chevron, la italiana Tecnimont, Indian Oil Corporation y la nigeriana Oando. El objetivo es concretar acuerdos comerciales a mediados de año para iniciar operaciones por fases antes de que finalice el 2026.
Desde el cierre de la planta en 2018, Trinidad y Tobago ha dependido de la importación de combustibles, quedando expuesta a la volatilidad de los precios internacionales. La reactivación no solo busca el autoabastecimiento de los 20,000 barriles de gasolina que el país consume a diario, sino también satisfacer la demanda de otras naciones del Caribe.
Gowtam Maharaj, presidente de la Refinería Guaracara, destacó que la ubicación geográfica de la isla es clave para la logística energética. Se estima que la planta podría procesar crudo proveniente de Guyana o Venezuela, alcanzando su plena capacidad operativa en un lapso de 18 meses tras asegurar el financiamiento.
Impacto esperado:
Seguridad energética: Reducción de la vulnerabilidad ante interrupciones en las rutas de suministro globales.
Empleo: Generación de miles de puestos de trabajo directos e indirectos.
Ahorro de divisas: Disminución drástica de la salida de capital por concepto de importación de derivados.
Este proyecto multimillonario representa el esfuerzo más ambicioso de Puerto España para revitalizar su sector petrolero en una década, aprovechando la coyuntura geopolítica para fortalecer su soberanía económica
Con información de: EFE